
Últimamente resulta casi imposible concebir un verano sin vampiros, ya sean estos de los agresivos o de los melodramáticos, sus colmillos están presentes en las carteleras de cine. Para este 2011 uno de los encargados de dar vida a estos seres es Scott Steward, responsable del gran fiasco conocido como ‘Legion’, y quien ahora en su segundo largometraje, una adaptación de una novela gráfica coreana, vuelve a demostrar que sus habilidades detrás de cámara no están a la altura ni del Hollywood más comercial.
En esta ocasión todos estos seres de la noche son ubicados en un mundo post-apocalÃptico el cual se asemeja al salvaje Oeste, y que por siglos ha sido testigo de una guerra entre los hombres y los vampiros, la cual fue terminada con la ayuda de sacerdotes guerreros que ahora viven en los rincones más oscuros de ciudades amuralladas bajo el control de la iglesia. Cuando un legendario sacerdote se entera del secuestro de su sobrina por vampiros, este deja a un lado sus votos sagrados y se embarca en una peligrosa búsqueda junto a un sheriff y una hábil sacerdotisa.
Durante los primeros minutos se ofrece una interesante introducción a este conflicto entre razas con una animación 2D que deja muy claro el tono que se espera, pero bastan otro par de minutos para ver que las cosas empiezan a suceder de la manera en que muchos otros advirtieron, dejando a relucir el flojo primer guión en la carrera de Cory Goodman, quien no se toma el tiempo necesario para ofrecer una trama decente. En el camino se tratan de tocar temas relacionados con el control de la iglesia sobre la sociedad, una comparación entre vaqueros e indios, y además que pone sobre la mesa la relación de este sacerdote con su sobrina, con su compañero y con otra sacedortisa, pero lo único que se hace es mostrar, con algo de estilo, la capa más superficial de todo estoy de vez en cuando lanzan un par de enfrentamientos cuya acción carece de efectividad, al igual que todo su elenco.
Tal como pasa con ‘Legion’, la presencia de un actor de la talla de Paul Bettany resulta casi un misterio, ya que a estas alturas ha tropezado una vez más con la misma piedra (o mejor dicho el mismo director), ya que no es posible que su talento sea tan desperdiciado en este tipo de personajes e historias que no aportan nada en su carrera, ni en la de Cam Gigadent, Lilly Collins, Maggie Q y Christopher Plummer, peor en la de Karl Urban, gran actor que se ve arrastrado en medio de todo esto como un villano, con potencial, pero cuya presencia se limita a escasos segundos.
En medio de desolados parajes, es visible como la historia adopta un estilo western, el cual en cierto punto deja al descubierto una aparente inspiración en ‘The Searchers’ protagonizada por John Wayne, y aunque la intención es muy buena el resultado dista mucho de serlo, ya que esta es una historia excesivamente básica que avanza sin detenerse, pero no por su buen ritmo, sino por que más bien sus cortos 87 minutos parecen una carrera para llegar al final, el cual tiene la audacia de dejar la puerta abierta para continuar con más de este letal sacerdote.




Una pésima adaptación de una historia con mucho potencial (hablando del comic coreano), le quitaron todos y cada uno de los elementos que hacen al comic una novela fascinante y los cambiaron por la tÃpica historia de vampiros vs humanos…