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El domingo pasado por asuntos personales no pude ir a ver el documental ‘Alfaro Vive Carajo, del sueño al caos’ dirigido por Isabel Dávalos, pero estaré rastreando las funciones de esta película en nuestra ciudad. Mientras tanto el día de hoy Pablo Fiallos del diario El Comercio ha publicado un interesante artículo sobre esta producción el cual pueden leerlo a continuación.

Una mirada íntima sobre el AVC

En el filme Alfaro Vive Carajo ,del sueño al caos’, la cineasta ecuatoriana Isabel Dávalos cuenta en primera persona un relato sobre la formación del grupo AVC. El documental rescata ese episodio histórico, razón por la cual el filme se hace imprescindible, sobre todo para una generación contemporánea que desconoce el tema, o lo conoce mal, en su totalidad.

Esta implicación en primera persona es precisamente lo que hace que este documental pueda abrir brechas al momento de juzgar su realización.

La cineasta afronta íntimamente la realización del documental. Así, el filme ya no trata exclusivamente sobre un relato de formación del grupo, sino sobre la visión de toda un generación. Jóvenes que en su adolescencia vivieron entre la expectativa del cambio social y el miedo, provocado, en gran medida, por el Gobierno.

Esta generación, la de la directora, coincide con la segunda generación del AVC. Aquella que se vinculó al grupo más bien por curiosidad o por aventura, mas no por pura convicción política, tal como lo muestra el documental.

Por otro lado, la presencia de la cineasta podría parecer completamente innecesaria, ya que el relato por si solo tiene la fuerza de lo indivisible. La trascendencia histórica del movimiento, aunque la historia oficial de alguna manera haya decidido borrarla, podría haber ameritado otro filme con otro tipo de tratamiento.

Pero en este, el mérito de Dávalos es poder reconstruir los hechos a través de la memoria individual. La cineasta imprime una visión personal sobre un hecho y no el hecho como tal, alejándose de esta manera del reportaje.

La película refresca la memoria, en la voz de sus protagonistas, varios hechos que realizó el grupo Alfaro Vive Carajo. Ente ellos el robo de la espada de Eloy Alfaro, el asalto a un banco con miembros vestidos como monjas y el secuestro realizado por el grupo al banquero Nahim Isaías. Por otro lado, registra la acción represiva del gobierno de León Febres Cordero, en el que se instituyeron los temibles escuadrones volantes.

El contexto de la historia del AVC es, en suma, interesante. La década de los ochenta constituyó un episodio de memoria frágil dentro de la historia ecuatoriana.

El proceso democrático que había comenzado en 1979, con el gobierno de Jaime Roldós Aguilera, se había visto herido en sus primeros pasos. Roldós murió en un accidente en un viaje a Zapotillo, en 1981.

Durante esa década de creación de nuevos espacios políticos en el país, el AVC, un grupo de jóvenes idealistas, buscó un lugar dentro del escenario político.

Bajo la influencia de distintos movimientos guerrilleros que dejaban impresa su huella en los caminos de una nueva América Latina, este grupo de jóvenes, al que se los conoció como Alfaro Vive Carajo, abrió las puertas de un recorrido hacia un nuevo Ecuador en el que la lucha armada era el punto de partida.

El filme muestra el ideal del individuo en una época de cambio que fue desmayado a la fuerza. Este ideal desemboca en una actualidad lejana al sueño con el caos al acecho. Allí, la realidad está lejos de la lucha y se centra en el entorno actual de los ex líderes, en donde se han cambiado las armas por el azadón y el rastrillo.

Via | El Comercio